Iniciando, que también es gerundio
Esta bitácora nace con una intención fundamental: intentar recabar cuantas más opiniones mejor sobre la necesidad de replantearse España como un Estado Federal.
En pleno debate del Estatuto catalán se han recrudecido las discrepancias entre las ideas de Estado y nación, muchas veces ignorando toda la teoría básica que se ha ido desarrollando a este respecto durante el siglo XX. Parece ahora que se quiere resucitar a Fichte, cuando en el resto del mundo se abogan por ideas integradoras (véase Kymlicka o Hobsbawn)
España tendrá que ser un Estado Federal para superar todos los complejos. Es increíble que a estas alturas de la historia el nacionalismo español no pueda integrar al resto de nacionalismos internos, como el catalán, el gallego, el vasco, el valenciano, el andaluz, el leonés o, si me apuran, el aparente desinterés por estas cuestiones de los madrileños.
¿Es España una nación de naciones? Esta pregunta contiene una trampa venenosa, pues muchas veces el contexto en el que se plantea requeriría una nueva formulación: ¿Es España un Estado de Estados?. A mi juicio, y simplificando mucho la cuestión, España es un Estado de naciones, y pongo "naciones" con minúscula porque la nación no es más importante que el Estado. Muchas de las actuales disputas no tendrían sentido si se aceptara esta realidad, tan evidente para todos salvo para los nacionalistas acérrimos de cualquier tipo.
La solución para los problemas de integración de minorías nacionales en un Estado pasa más bien por la comprensión y el diálogo que por la cerrazón intelectual, que muchas veces no es más que un síntoma del miedo a perder un statu quo ficticio. Las Constituciones son marcos teóricos que por definición deben ser estables, pero no inmutables. Poco a poco, nuestra sociedad será capaz de entender que el hecho de ser catalán no excluye el ser español y viceversa, que las naciones/nacionalidades no dan de comer y que los problemas que acucian a todos los españoles son los mismos a pesar de su lengua e identidad. Los únicos que sacan provecho de estas disputas bizantinas son los nacionalistas (incluido los nacionalistas españoles) y todos sus acólitos. En nombre de las naciones catalana, vasca, gallega, etc se dispendia cada vez más recursos para intentar reforzar lo evidente: todos somos distintos. Afortunadamente, diría yo. Si alguien se decidiera a abrir el melón del Estado Federal, dejaría en evidencia a estos nacionalismos de salón (insisto: incluyo a todos los nacionalismos) ya que esta forma de Estado, si se fundamenta sobre unos principios sólidos y consensuados, permitiría conciliar de manera armoniosa todos los intereses en juego. Y si no lo consiguiera en un primer momento, sí que podría ayudar a identificar coherentemente el origen de los problemas y a encauzar los esfuerzos hacia una solución consensuada.
Veremos en que queda todo ésto.
En pleno debate del Estatuto catalán se han recrudecido las discrepancias entre las ideas de Estado y nación, muchas veces ignorando toda la teoría básica que se ha ido desarrollando a este respecto durante el siglo XX. Parece ahora que se quiere resucitar a Fichte, cuando en el resto del mundo se abogan por ideas integradoras (véase Kymlicka o Hobsbawn)
España tendrá que ser un Estado Federal para superar todos los complejos. Es increíble que a estas alturas de la historia el nacionalismo español no pueda integrar al resto de nacionalismos internos, como el catalán, el gallego, el vasco, el valenciano, el andaluz, el leonés o, si me apuran, el aparente desinterés por estas cuestiones de los madrileños.
¿Es España una nación de naciones? Esta pregunta contiene una trampa venenosa, pues muchas veces el contexto en el que se plantea requeriría una nueva formulación: ¿Es España un Estado de Estados?. A mi juicio, y simplificando mucho la cuestión, España es un Estado de naciones, y pongo "naciones" con minúscula porque la nación no es más importante que el Estado. Muchas de las actuales disputas no tendrían sentido si se aceptara esta realidad, tan evidente para todos salvo para los nacionalistas acérrimos de cualquier tipo.
La solución para los problemas de integración de minorías nacionales en un Estado pasa más bien por la comprensión y el diálogo que por la cerrazón intelectual, que muchas veces no es más que un síntoma del miedo a perder un statu quo ficticio. Las Constituciones son marcos teóricos que por definición deben ser estables, pero no inmutables. Poco a poco, nuestra sociedad será capaz de entender que el hecho de ser catalán no excluye el ser español y viceversa, que las naciones/nacionalidades no dan de comer y que los problemas que acucian a todos los españoles son los mismos a pesar de su lengua e identidad. Los únicos que sacan provecho de estas disputas bizantinas son los nacionalistas (incluido los nacionalistas españoles) y todos sus acólitos. En nombre de las naciones catalana, vasca, gallega, etc se dispendia cada vez más recursos para intentar reforzar lo evidente: todos somos distintos. Afortunadamente, diría yo. Si alguien se decidiera a abrir el melón del Estado Federal, dejaría en evidencia a estos nacionalismos de salón (insisto: incluyo a todos los nacionalismos) ya que esta forma de Estado, si se fundamenta sobre unos principios sólidos y consensuados, permitiría conciliar de manera armoniosa todos los intereses en juego. Y si no lo consiguiera en un primer momento, sí que podría ayudar a identificar coherentemente el origen de los problemas y a encauzar los esfuerzos hacia una solución consensuada.
Veremos en que queda todo ésto.

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